miércoles, 25 de noviembre de 2020

ESCONDITE

Prometiste estar y nunca se encontró más acompañada por la soledad.

Luchó sin posibilidades por seguir llevando una vida normal, mientras tú te reías por tus logros sobre ella.
Jugabas a esconderte como si fuera un juego de niños, cuando lo que hacías era traicionarles provocándote la carcajada por el logro conseguido. Después volvías a aparecer para desbaratar sus vidas queriéndoles utilizar cual marionetas con la única intención de llamar su atención. Disfrutabas viéndola vivir en la desesperación por las faltas que su vida tenía, con el propósito que te pidiera clemencia. Jamás lo lograste, aunque lo intentaste con ganas, deseabas verla destruida. Mordiéndose las uñas cada día, fue pasando el tiempo, los años.
Y es que hay personas que no crecen nunca y aún así la vida les recompensa con situaciones privilegiadas totalmente desmerecidas y a costa de hundir a otras. 
Huérfanos de noches eran, aún sabiendo ellas que seguías con el juego. Les privaste de la magia del momento. 
Pensando siempre que lo que dabas eran limosnas, apretabas cada vez más, aunque la vida te regalaba los mayores logros.
Años de gloria que has quemado y que poco a poco tienen su sentencia. La fortuna no es eterna. Vendrán tiempos de sequía y suplicarás clemencia. El tiempo te hará echar de menos los abrazos y besos no recibidos cuando tu persona empiece a marchitarse. Y es que cuando una persona pierde el alma, es difícil volver a recuperarla.

Fotografía; Vladimir Fedotko



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