REINA
La tensión iniciaba desde que sonaba el teléfono. Tu voz, aguda y firme, era suficiente para que la noche fuera intranquila pensando que me pondría para sorprenderte. Mi mejor lencería de seda, (fácil de desabrochar), de colores brillantes, como a ti te gustaba. Preparar mi piel y perfumarme con lo que te gustaba y mis tacones más altos no podían faltar.
Al día siguiente ya de camino, siempre acababa perdiéndome. Los nervios me traicionaban y siempre acababa en una gasolinera desde la que te tenía que llamar, y tu sonriendo me preguntabas; "ya te has perdido otra vez". Venías a buscarme con ese gesto seguro sabiéndome nerviosa por la situación. Nunca nadie había conseguido excitarme sin tocarme como tu lo hacías. Me guiabas hasta nuestro rincón de 4 paredes, no nos hacía falta más. Éramos felices y dábamos rienda suelta a nuestra locura sorprendiéndonos con todo lo que nuestro cuerpo nos pedía.
Vivimos una época oscura pero llena de luces de colores que nos iluminaban mientras nuestros cuerpos encajaban a la perfección. Era nuestro paraíso, suficiente para dar rienda suelta a nuestra imaginación. Era nuestro momento, jugábamos a nuestro antojo hasta que se nos acababa el tiempo. Siempre nos parecía poco, pero el deber nos llamaba. Sabíamos que nuestro juego seguiría hasta que nos volviéramos a ver pero tocaba empezar a echarte de menos...

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