ANIDANDO
Siento la brisa de tu boca
cuando se aproxima,
el aleteo de tus brazos
cuando rozan mi piel,
me arropan,
me cobijan cual criatura,
me aprietan
y levantando la mirada
te veo,
observándome,
tus ojos brillantes,
felices,
leo en ellos
todo aquello que no cuentas,
y me elevas al cielo
para llevarme a tu nido,
cubierto de hierba fresca
recién cortada,
y te respiro
y tu aliento caliente
me cuenta que llegó
el momento de anidar
ese latir constante,
palpitante,
démosle calor
para que cuando madure,
rompa el cascaron,
y entre los dos criemos
a ese bello ejemplar
llamado amor.

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