SE ACABÓ
Llegó el esperado y suplicado día en el que por fin se acaba una etapa distendida en el tiempo. Pesares, ojeras, angustias, secretos guardados y ahí se quedarán, ansiedades varias, desesperación. No había cabida para tirar la toalla. La vida no te lo permitía no estaba escrito en el destino. Había que aguantar, luchar y seguir como fuera. Era tú obligación. Aguantando...lo que nadie debería aguantar en su vida por sobrevivir, por cuidar, por sobrellevar sobre los hombros, una responsabilidad inmensa, que no está pagado con nada.
La vida no llega a poner las cosas en su sitio, pero en algún momento, tienen que llegar a su fin. Después de la guerra ganada descubres que, se ha dejado media vida por el camino.
¿Mereció la pena?
En un tanto por ciento sí, pero en otro no. Ni agradecido ni pagado se suele decir. Pero las circunstancias eran las que eran y no había otra. Se te podrá recompensar por todo ello o no, se podrá reconocer el mérito de lo conseguido o no, quizás pasa todo por alto y la vida, simplemente, tenga que seguir. Esa vida, a veces ingrata e injusta pero que, tantas lecciones te ha dado gratuitamente y que tú no habías pedido, pero por imposición de la misma, las tuviste que vivir. Solo sabe que lo hizo dejándose la piel y casi la vida, pero lo hizo. Ahora entierra todo eso, su nombre, su cara y esos malos momentos que ya no tienen que aportar nada. Están muertos como su presencia.
¡Se acabó!
Y ese agujero que siempre tuviste en ambas manos, harán que pierdas tu identidad, porque persona, no fuiste nunca.

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