MISERABLE
Al final de tus días, de tus miserables y contados días llenos de opulencia y soberbia, empiezas a vender tus miserias. Todas ellas testigos de tus momentos de derroche y vino, pero que no consiguieron llenar tu pobre corazón. En esos días de pobreza real, vivirás la realidad de tus tristes palabras.
Por muchos Armani que alberguen tus armarios, nunca serás ni fuiste capaz de estar a la altura.
Volverás al redil.
Volverás a caer en aquellas calles de las que saliste lleno de mierda, pero que la vida hizo un paréntesis contigo, para darte la oportunidad de saber lo que la vida podía deparar. Pero el paréntesis se cerró y la prueba no se superó.
¡Caerás!
Te rebañarás en tus miserias añorando todo lo que pudo ser. Tus malas acciones te llevarán a donde no tenías que haber salido nunca.
Siempre fuiste un obrero. La vida te brindó la oportunidad de seguir siéndolo pero con dinero.
No se ha hecho la miel para la boca del cerdo. Pero tus manos están llenas de agujeros, y al igual que el dinero, se escapaban las palabras.
Seré testigo en primera línea de cómo tienes que tragártelas, al igual que tus desaires y tu falta de empatía.
Puedo ver, por fín, como te arrastras pidiendo clemencia, aunque sutilmente, con timidez, pues temes el desenlace final, porque sabes que no te alberga ningún derecho.
Seré testigo de tu máxima caída. Seré testigo de tu vuelta a la cloaca de donde no deberías haber salido nunca.
Seré testigo del fin.
@viviendome
Fotografía de internet

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