miércoles, 13 de mayo de 2020

13 DE MAYO


Un año que ha pasado muy rápido, aunque ha habido días lentos, muy lentos. Demasiados. A veces vuelves a nacer y no de la misma manera. Desconocemos lo que la vida nos depara y a veces no podemos llegar a imaginar lo cruel que puede llegar a ser. 
Aquel día descubrió que en su cuerpo habitaba un cuerpo extraño. Estaba fuerte. No tenía síntomas, aunque llevaba tiempo sintiéndose cansada. Siguió trabajando hasta que su jefe la obligó a marcharse para cuidarse. Y es que de ovarios siempre fue sobrada. Lo afrontó con fortaleza y a veces hasta con sentido del humor. Desconocía lo que el bicho, después conocido como cáncer, era capaz de hacer en un cuerpo, en una mente, en un pensamiento.

La ha transformado tanto que no se conoce en el espejo. Los convierte a todos en un ejército de pálidos. Caras y cuerpos deformados. Ojeras oscuras. Sensaciones tan desconocidas que llegan a pensar que es el final. Pasan los días y a veces incluso les da una tregua. Les da cuerda para que se confíen y cuando menos lo esperan, vuelve a tirar de ellos ahogándoles el alma. Tragan saliva. Respiran, si  pueden, porque a veces también es difícil. Se vacían de emociones y duermen o no. Porque el insomnio es su mejor compañero.  Mañana será otro día. A veces no es mejor que el anterior. Pero piensan que ya es un día menos para lo que sea.  Así pasan las sesiones. Luchan contra sí mismos, creen que no podrán soportar, a veces sonríen, aunque lleguen arrastrándose. 

Escuchan ánimos como respuestas automatizadas; llenos de buena intención pero carentes de mensaje. Y se sienten una mierda, como si quejarse se hubiera convertido en un vicio caro. Las comparaciones se vuelven odiosas cuando uno no se siente capaz de estar a la altura de las expectativas: "Fulanito salió adelante y está estupendo. Los tratamientos ya están muy avanzados y apenas se muere nadie, tú ten fe. Menganita juega al paddle. Pues yo tengo una amiga que lo pasó y esta divina. Pues no sé quién va al gimnasio y lo lleva genial"... Quien no juzga, prefiere apartarse, como si fuera una enfermedad contagiosa.

Todo esto mientras siente el veneno que sigue viajando a sus anchas por las venas, dejándoles inútiles, llenos de dolores, imposibilitándoles hasta el caminar.

Panda de inútiles, boca chanclas, gente sin escrúpulos que no tienen ni puta idea de lo que es sentirte morir cada día.

No contestan llamadas ni mensajes, no entran en conversaciones de ánimos programados sin sentido que, aunque puedan hacerlo para animarte, no saben el daño que hacen. Que sabrás tú lo que es sentir como tu cuerpo no te responde, tu memoria dejó de serlo... Sientes que el okupa se ha hecho un chalet de 3 pisos sin medir distancias y vive a sus anchas. Que sabrás tú lo que es ver pasar las horas y sentir que el bicho te mueve las entrañas, se apodera de tus vísceras tirándote al suelo y pisándote la cabeza. Ver que no se tiene en pie ni para lavarse los dientes. Que sabrás tú de lo que es vivir muriendo. Guárdate tu palabrería barata y piensa muy bien lo que dices cuando no hay nada que decir. Solo sentarte a su lado y apoyarte en su dolorido cuerpo. 

Los meses pasan. Termina una etapa y empieza otra. Vendida como la puta hostia. Empezarás a tener vida dicen. Cuando solo en la primera sesión su cuerpo tiene tal reacción que parece el monstruo del lago Ness. Y así 11 más. No quiere hablar. No quiere escribir. Solo quiere la compañía de su dolor. Sigue escuchando gilipolleces varias, pero ya no habla. No necesita justificar su sentir. Tarde. Pero parece que entienden su silencio.

 Algunos saben respetar su pesar, otros no. O se han olvidado sin más. Son pocos los que logran entender su camino. De respetar su momento y dejarse ser. Un año largo en el que se han llevado una gran parte de su ser. No es ella. No sabe quién es. El puto bicho deja su huella, les marca a fuego como a las reses. Están tocados. Algunos hundidos. Otros salen a flote, pero siempre, siempre bajo su sombra. Un año de ver lo que él es capaz de hacer con ella, de dejar claro quién manda. De cuan fuerte es y que saca toda su artillería para asegurarse ganar. Muchas veces no lo consigue. Pero golpea fuerte. Las secuelas físicas son muescas de la vida. Las mentales les hacen ver la vida y la gente de otra forma.
  
La vida le ha despeinado quitándole toda esa seguridad de la que uno piensa que nada podrá quitar. La encadenó a su cuerpo haciéndole su sumisa. Si intentaba revelarse, apretaba más, doblegándola y recordándole quien mandaba. Es su señor.

A veces, hay que morir un poco para volver a renacer. 
Seguimos....

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