DESAPRENDER
Hemos pasado
por tantos momentos que ya no sabemos cuáles son los reales y cuáles
no.
Nos han hecho creer tantas verdades a medias que ya no creemos
nada ni a nadie.
Nos hemos vuelto desconfiados, asertivos, soldados
frente al amor, en el que ya no creemos. Hemos creído tantas veces
que era real que ya no creemos nada. Llevamos tantos escudos encima
que la espalda se nos encorva cual ermitaño.
Pero no, debemos
desaprender todos esos daños a nuestro corazón, borrar todas esas
muescas en el cinturón pues lo único que nos crea es miedo, y con
él no avanzamos, nos hundimos, no hay flotador que nos salve. No
podemos llevar constantemente la capucha de la túnica puesta. Sino
son sinceros con nosotros, el problema lo tendrán ellos, pues se
ahogarán en sus mentiras tarde o temprano, serán solitarios
deambulando por las calles y no podrán jamás disfrutar de lo que es
el verdadero amor, de estar al lado de alguien limpio de corazón,
sincero en su sentir, sincero en sus abrazos, en sus palabras.
Debemos permitir que el aire nos dé de nuevo en el rostro, que
nuestras mejillas se sonrojen por el frío y sintamos el escalofrío
en nuestra piel. Hay que desaprender lo aprendido pues vida sólo hay
una, nosotros somos limpios de alma y ante eso, no hay mentira que
pueda.
Desaprende ese dolor y déjate guiar,
vive,
salta,
ilusiónate,
grita,
desafiate,
aventúrate a vivir de nuevo haciendo
caso omiso al semáforo en rojo que se nos enciende cuando alguien se
acerca.
Ahora sabrás quién si y quién no.

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