domingo, 15 de mayo de 2016

MASAJE

¿Qué decir ante el placer de un buen masaje?

Me encanta darlos y recibirlos más. Me siento privilegiada porque poder transmitir con mis manos un mundo de sensaciones no tiene precio.

¿Qué mayor placer puede sentirse que poder tener la piel de ésa persona que amas para ti solo?

Recorrer con tus yemas por todos esos rincones dándo placer tan sólo con ellas, comprobando de lo que son capaces de provocar, sabiendo que durante un buen rato, todo él, estará en tus manos. Ésa sensación de saber que su placer depende sólo y exclusivamente de ti, y el placer a su vez, que recibes al palpar las sensaciones que transmites y su piel recibe.

Necesitamos muy poco;  aceite, luz tenue, música suave y tiempo para dedicarle. Se puede uno deleitar largas horas de masajear de pies a cabeza. Las manos recorriendo milímetro a milímetro, sintiendo cada músculo, cada hueso, cada curva.

Cuando está relajado por completo, es ése preciso instante entre el sueño y la consciencia, un momento de placer, de paz, es cuando se aprovecha para que disfrute del éxtasis más pasional. Cuando los mimos y masajes se convierten poco a  poco en caricias y besos, cuando ya no sólo son las manos las que masajean, lo hace el cuerpo entero. En ése momento es cuando el masaje va llegando a su momento final y el cuerpo va siendo consciente de ello y empieza la tentación. En ése momento el masaje se vuelve más intenso, prohibido, donde cuerpo, manos, boca encuentran los puntos más erógenos, y donde se pretende que el masaje dure un poco más de lo que el quisiera, jugando con un clímax que debe llegar en el momento adecuado, en su máxima expresión.

Disfrutad.




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