CUARENTENA
Después de 22 días de aislamiento seguimos solos. Acompañados algunos, pero solos porque no podemos tocarnos, ni abrazarnos, y mucho menos besarnos. Quizás es un castigo divino por haber perdido los valores. Por habernos tocado sin razón, ni motivo real ni sincero.
Quizás ahora cuando dejen que nos besemos de nuevo, lo hagamos con más amor. Sabiendo y eligiendo a quien queremos de verdad. Quizás es un castigo para que valoremos la vida. Todo lo que teníamos y pasábamos por ello a diario, sin darnos cuenta de todo lo que teníamos y pensábamos que era normal. Ahora te das cuenta de esa libertad para pasear tranquilamente, sentarte en una terraza y tomarte una caña, rodearte de amigos. Es un momento para pensar en esas personas cercanas que siempre están. También, para darte cuenta a quien no echas de menos y han tenido que restringirte la libertad de movimiento para darte cuenta que no lo necesitas.
¿No era tan difícil verdad?
Quizás ahora empecemos a ver que eramos ricos en cuanto a nuestra forma de vivir y no lo sabíamos. Estamos en nuestra propia cárcel, nuestra casa. Es momento para pensar ¿por qué?
Nosotros somos nuestros propios enemigos pero también seremos los héroes de nuestras propias batallas.
¡Lo conseguiremos!
Fotografía; Mamo Artografie